Ya era tarde y el aun permanecía bajo la lluvia, eran las diez de aquella tormentosa noche de abril.
Habían quedado de acuerdo para reunirse en aquella esquina. Debía pagar su deuda antes de emprender el viaje que tenía en mente al llegar a casa. Pasaron las horas, así como también paso una jauría de perros, un auto que lo salpico y un mendigo arrastrando sus bultos.
Eran ya las 12 de la noche y la figura de su acreedor no se materializaba. Decidió entonces encaminarse a casa, apenas dio unos cuantos pasos y su espalda sintió que algo atravesaba frio y raudo su cuerpo, la lluvia se tiño de rojo y el emprendió el viaje antes de lo planeado, sin saber si la deuda había sido saldada.


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