martes, 26 de abril de 2011

Canción para un dia cualquiera

Navegando va la mente,
Descubriendo planetas nuevos,
Mundos paralelos a una pestaña de distancia,
La ficción, la psicodelia,
El fuego que escurre por los vidrios,
mañana de vuelta a lo real,
Sobre latas repletas de animales
disfrazado de humano,
en la ciudad perdiendo los años.


Bajo el sol que gira arriba en la azotea,
Cruzare las puertas del corral de vidrio,
Caminare sobre los cables tendidos ,
En la avenida infinita del espacio intercreacional,
Buscando evadir las firmas,
Esquivando los timbres,
Sorteando las encomiendas,
Desechando las credenciales.


Frente a los vidrios,
Bajo la sombra reluciente y metálica,
Acecha en el parque,
con sus colores de triste imitación,
la bandurria torpe en su andar,
y su irritable canción.


Y es que la maldad me causa placer,
No me culpen,
No es ego,
No es oficio,
Solo es un vicio,
Corretear gordas bandurrias por el parque.


La tristeza y la alegría de rodar de regreso,
Atrás las latas,
El corral,
El parque,
Las bandurrias,
El fin esta cerca,
Y el reinicio más cerca aun.

El tintinear de la loza,
La basura esperando su libertad,
La piel escurriendo espuma,
El lecho convertido en estación,
Y aquella embarcación,
Mundos nuevos,
Largos viajes,
Y la mente navegante,
Una breve ilusión,
Mañana la misma canción.

Doble

Allí estaba frente a mí; con la misma chaqueta, sentado en la misma banca, con la misma expresión en el rostro. Cuando me levante el también lo hizo y se largo. Solo quedaba la multitud que transitaba del otro lado del ventanal.

La Deuda


Ya era tarde y el aun permanecía bajo la lluvia, eran las diez de aquella tormentosa noche de abril.

Habían quedado de acuerdo para reunirse en aquella esquina. Debía pagar su deuda antes de emprender el viaje que tenía en mente al llegar a casa. Pasaron las horas, así como también paso una jauría de perros, un auto que lo salpico y un mendigo arrastrando sus bultos.

Eran ya las 12 de la noche y la figura de su acreedor no se materializaba. Decidió entonces encaminarse a casa, apenas dio unos cuantos pasos y su espalda sintió que algo atravesaba frio y raudo su cuerpo, la lluvia se tiño de rojo y el emprendió el viaje antes de lo planeado, sin saber si la deuda había sido saldada.