Todas las noches observaba aquel satelite antes de dormirse, acto seguido tomaba su pijama un libro y se dirigia a su cama. Mientras soñaba imaginaba los paisajes idilicos que en aquel lugar habian y se imaginaba corriendo por ellos. Como todo ser pensante se preguntaba si habria allí en ese lugar algun ser vivo. Y es que al mirar al cielo se sentia intimidado con su inmensidad en azul nocturno profundo, entonces un sentimiento de sobrecogimeinto y soledad le invadia.
El tiempo pasaba y su fascinación por aquel lugar crecia y crecia como la levadura fresca en un dia de verano. Algo llamo la atención, de repente una noche pequeñas estelas blancas salian desde allí arriba. Pasaba las noches en su tejado entre gatos y palomas junto a un viejo telescopio observando aquellos diminutos insectos cosmicos que salian desde su nido y rodeaban su planeta una y otra vez. Cada vez que veia uno pasar deseaba con todas sus fuerzas contactar a quien fuese que fueran esas criaturas y asi no sentirse tan solo en el universo.
Cierto dia esos insectos se posaron, sobre su jardin, asomaron desde su interior seres revestidos en un blanco radiante. Clavaron una bandera sobre el prado, recogieron las rocas que el cuidadosamente habia apilado señalandoles el camino. Desde aquel dia todo cambio y por primera vez en su vida deseo mas que nada en su mundo estar solo en el universo. Llorando y mirando al cielo deseo no haber sentido curiosidad por aquellos hostiles habitantes de aquel satelite sobre su cabeza, que en las noches le regalaba su azul verdoso iluminar.


0 comentarios:
Publicar un comentario